Nahuel Vallejos

Empiezo con una confesión: no soy abogado.

Soy desarrollador de software autodidacta. Pero antes de eso —y hace más de diez años— trabajo dentro del sistema judicial como escribiente. Crecí viendo el derecho desde adentro y desde afuera al mismo tiempo: por un lado, una familia vinculada al mundo jurídico; por el otro, la experiencia cotidiana de lidiar con expedientes, escritos, tiempos procesales y estructuras que muchas veces parecen inamovibles.

El derecho nunca me fue ajeno. Pero tampoco fue mi camino directo. Mi camino fue otro: aprender a programar, entender cómo funcionan los sistemas, y obsesionarme con algo muy simple —resolver problemas puntuales usando la informática.

Dos mundos que no se hablaban

Durante años conviví con una contradicción bastante evidente.

Por un lado, el mundo del desarrollo de software, donde automatizar, optimizar y simplificar procesos es casi un reflejo natural. Por el otro, el mundo jurídico, donde gran parte del trabajo cotidiano sigue dependiendo de procesos manuales, repetitivos y altamente demandantes en tiempo.

Y lo más interesante: no era por falta de capacidad. Era por falta de herramientas adecuadas.

Lo que veía todos los días

No necesité “descubrir” el problema en un estudio puntual. Lo veía todos los días.

Expedientes gestionados en múltiples lugares al mismo tiempo. Información importante dispersa. Escritos que se construyen a partir de copiar y adaptar documentos anteriores. Tiempo valioso invertido en tareas que no requieren el nivel de formación de quien las realiza.

Trabajo necesario, sí. Pero ejecutado de una forma que no escala.

Y cuando el volumen crece, lo que aparece no es eficiencia: aparece el desgaste.

La pregunta que empezó todo

En algún momento, la pregunta dejó de ser técnica y pasó a ser estructural:

¿Por qué profesionales altamente capacitados siguen dedicando tantas horas a tareas repetitivas que podrían estar mejor resueltas?

Desde la informática, la respuesta era evidente: ese tipo de problemas son exactamente los que el software debería resolver.

Pero cuando miraba las herramientas disponibles, algo no cerraba.

El problema no era la tecnología

Exploré distintas soluciones existentes para gestión jurídica. Algunas eran potentes, pero difíciles de usar. Otras eran simples, pero demasiado limitadas. Muchas no estaban pensadas para la realidad concreta del sistema jurídico argentino.

Y casi todas compartían un problema más profundo: no estaban diseñadas desde la experiencia real de uso cotidiano.

No era un problema tecnológico. Era un problema de enfoque.

Ahí nace Iudex

Iudex nace en ese cruce entre dos mundos: el jurídico y el informático.

No como una idea abstracta, sino como una respuesta concreta a algo que viví durante años.

La intención nunca fue “digitalizar” lo que ya existe. Tampoco hacer un sistema más complejo. La intención es otra:

reducir la fricción del trabajo jurídico cotidiano.

Menos tiempo en tareas repetitivas. Más claridad en la gestión. Más espacio para lo que realmente importa.

El enfoque

Desde el principio tuve algo claro: el valor no está en agregar más funciones, sino en resolver bien lo esencial.

Porque si una herramienta necesita demasiada explicación, probablemente no esté bien diseñada.

Por qué lo hago

No elegí el mundo legal. De alguna forma, siempre estuve en él.

Lo que sí elegí fue cómo aportar valor.

Después de años dentro del sistema judicial y años formándome como desarrollador, encontré un punto donde ambas cosas se conectan de forma natural: usar la tecnología para mejorar cómo se trabaja en el derecho.

No desde la teoría. Desde la práctica.

Creo que el tiempo vale demasiado como para gastarlo en tareas que pueden resolverse mejor. Y creo que el buen software no debería complicar: debería hacer que las cosas fluyan.

Qué viene ahora

Iudex está en desarrollo activo, con foco en construir una herramienta que realmente se use en el día a día.

Si trabajás en el ámbito jurídico y te sentís identificado con estos problemas, me interesa que lo pruebes.

No hace falta que confíes a ciegas. Hace falta que lo uses y me digas qué funciona y qué no.

Ese feedback es lo que realmente construye el producto.

Solicitar acceso anticipado
← Anterior

La importancia de una buena UX en software jurídico

Seguí la construcción de Iudex

Comparto avances del producto, aprendizajes y reflexiones sobre tecnología y derecho. Sin ruido.