Maxi Bury

Hay una idea que me acompaña hace tiempo: gran parte de la fricción del trabajo legal no viene de la complejidad del derecho, sino de cómo se ejecutan sus procesos todos los días.

Documentos que pasan por demasiadas manos. Información crítica dispersa. Validaciones manuales repetidas. Horas de trabajo invertidas en buscar, ordenar, revisar y volver a revisar. Desde la tecnología, muchos de esos problemas ya estaban resueltos. Lo que faltaba era traducirlos bien al contexto jurídico.

Mi recorrido empezó en el derecho, pero no se quedó ahí

Soy abogado y cursé un posgrado en inteligencia artificial. Esa combinación me llevó a trabajar en el punto exacto donde el criterio jurídico y la tecnología dejan de ser disciplinas separadas y empiezan a potenciarse.

En Legalario diseño e implemento soluciones de IA para automatizar procesos legales, analizar documentación compleja y mejorar la trazabilidad operativa en entornos regulados. Ahí trabajé con arquitecturas RAG, GraphRAG y flujos agentic para extraer, validar y estructurar información sensible con estándares altos de precisión.

También colaboré con el TEC de Monterrey en el desarrollo de soluciones conversacionales y flujos de recuperación de información para operaciones académicas. Esa experiencia reforzó algo importante para mí: un buen sistema con IA no se mide por lo llamativo de la demo, sino por la calidad, la consistencia y la utilidad concreta que entrega en producción.

El cruce con lo legal fue inevitable

Con el tiempo se volvió evidente que el ámbito jurídico tenía una oportunidad enorme. No porque necesitara más buzzwords, sino porque arrastra problemas estructurales que la tecnología sí sabe resolver cuando se implementa con cuidado.

Cuando empecé a profundizar en el problema junto a Nahuel, vi algo que me convenció enseguida: no estábamos frente a una necesidad cosmética. Había una oportunidad real de reducir carga operativa, ordenar información y devolver tiempo de trabajo de alto valor a profesionales que hoy siguen atrapados en tareas repetitivas.

Qué significa para mí IA aplicada al derecho

No significa reemplazar criterio profesional ni vender automatización vacía. Significa usar modelos, búsqueda y flujos bien diseñados para resolver partes concretas del trabajo jurídico que hoy consumen demasiado tiempo.

La diferencia está en cómo se implementa. Si el sistema no entiende el flujo de trabajo, no respeta el contexto del caso o no permite auditar qué hizo, deja de ser una ayuda y se convierte en un riesgo.

Por qué Iudex es distinto técnicamente

En Iudex no pensamos la tecnología como una capa decorativa sobre problemas viejos. La pensamos como infraestructura de trabajo real.

Eso implica diseñar una arquitectura que funcione bien en el día a día: una experiencia offline-first para que el trabajo no dependa de una conexión perfecta, sincronización inteligente para evitar fricción innecesaria y componentes de IA que operen con contexto legal argentino en lugar de respuestas genéricas.

Mi foco dentro de Iudex es que esa arquitectura no solo sea potente, sino confiable. Que permita automatizar sin perder control. Que pueda crecer sin romper la operación. Y que sirva tanto para escribir mejor como para gestionar mejor.

Por qué decidí construir esto

Porque creo que el trabajo jurídico merece herramientas mejores. Herramientas que entiendan cómo se trabaja de verdad y que no obliguen a elegir entre productividad y criterio.

Iudex es la síntesis de todo lo que me interesa construir: producto útil, IA aplicada con responsabilidad y software que resuelve operaciones complejas sin agregar más ruido.

Si logramos que un abogado recupere horas de trabajo, reduzca errores evitables y pueda concentrarse en pensar mejor, entonces estamos construyendo algo que vale la pena.

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La historia de Nahuel: construir Iudex desde el sistema judicial

Seguí la construcción de Iudex

Comparto avances del producto, aprendizajes y reflexiones sobre tecnología y derecho. Sin ruido.